Homeopatía, Iridología y Nutrición

¿Cómo trabaja el homeópata?

Primero vamos a definir la función que ocupa el homeópata en el campo de la medicina; para ello, Hahnemann lo describe así en el parágrafo 1 de su sexta edición del Organon: “La única y más elevada misión del médico es la de restablecer la salud en los enfermos, que es lo que se llama curar”, y continúa diciendo en el parágrafo 2, “El ideal más elevado de una curación es restablecer la salud de manera rápida, suave y permanente, o quitar y destruir toda la enfermedad por el camino más corto, más seguro y menos perjudicial…”. Pero la única misión no solo es restablecer la salud, sino evitarla o prevenirla también.

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Foto cortesía de IBERHOME

La homeopatía es una medicina psicoespiritual, holística, que se basa en el estudio de la semiología del enfermo. Como el homeópata trabaja en los tres niveles (mental, emocional y físico), buscará un único remedio (simillimum) para equilibrar el dinamismo mórbido de todo su ser. Según el principio de los “miasmas”, toda la humanidad posee como mínimo el miasma Psórico, que es un dinamismo mórbido heredado; así pues, el 99’99% de la raza humana está enferma, tiene su dinamismo vital en desequilibrio. Sólo aquel que tenga una mente creativa y carezca de egoísmo, que tenga un estado emocional capaz de sentir todas las emociones humanas sin estar esclavizado por ninguna de ellas (libre de pasión), y además, su salud física carezca de dolor, sólo entonces podemos decir que este individuo está totalmente sano. Por consiguiente, todos deberíamos visitar, en alguna etapa de nuestra vida, a un buen homeópata unicista ortodoxo.

Un homeópata no debería recetar por el nombre de la enfermedad; si fuese así, desconfíe de él. El homeópata sólo necesita saber qué le está diciendo su organismo, su ser… el paciente deberá indicarle de manera objetiva sus síntomas actuales con la mayor nitidez posible; no le diga al homeópata “tengo gripe”, dígale cada uno de los síntomas que está padeciendo; no le diga que está sufriendo una depresión, coméntele su estado emocional y mental de una manera fidedigna, objetiva, con toda clase de detalles, etc.

Si diez pacientes entrasen en una consulta de un homeópata y le dicen “tengo gripe”, es probable que el homeópata dé diez remedios diferentes para cada uno de ellos, porque el que más o el que menos tendrá unas particularidades diferentes del mismo síntoma al resto de pacientes, o puede que tenga otros síntomas que los descritos por otros. En cambio, pueden entrar en la misma consulta otros diez pacientes con enfermedades diferentes y dar el mismo remedio para todos ellos.

El concepto de la enfermedad es muy importante para el homeópata, ya que no tiene nada que ver con el mismo concepto para un alópata, médico convencional, o psicólogo-psiquiatra. Para los homeópatas, la enfermedad la compone la CAUSA, el DESORDEN y el RESULTADO de ambos. Tomemos como ejemplo el frío (causa), estrés laboral (desorden) y amigdalitis (resultado); el alópata sólo se centrará en el RESULTADO y tratará el RESULTADO, en este caso la amigdalitis, y dará un remedio para “curar” tal desorden; el psicólogo atenderá la psique, el DESORDEN, su estrés laboral.

El homeópata, en cambio, dará un remedio que contemple la CAUSA (agravación por el frio), el DESORDEN (su estado mental) y el RESULTADO (su afección local). Todo es uno.

El buen homeópata deber tener bien claro el plano en el que se encuentra el grueso de la enfermedad.

Si el síndrome se encuentra en el plano mental, se empezará con altas o muy altas potencias, y los saltos entre las diluciones pueden y deben ser grandes. Cuando la enfermedad se encuentra en el estrato más exterior, físicos generales y físicos locales, se empezará con diluciones bajas y se irá incrementando con cortos saltos, e incluso espaciando entre tomas de la misma potencia, y dejando descansos entre una dilución y la siguiente; la manera de actuar así en este plano es debido a que las afecciones, o enfermedades localizadas, o generales, pueden tener agravación si no ajustamos la dosis, y podemos poner en riesgo la salud del paciente que observa cómo los síntomas en vez de mejorar agravan.

La actitud del paciente que va a una consulta de un médico convencional, o a la consulta de un homeópata, es totalmente diferente. El paciente que va a la consulta tiene que ir predispuesto a colaborar, a tener una actitud de empatía y debe de ser muy auto-observador durante su tratamiento; también debería conocer la doctrina homeopática, por ello, es el objetivo de esta web mediante unas pinceladas acercar esta terapéutica a las personas interesadas que la desconocen, o a personas que interesadas, quieran profundizar en la materia un poco más, o al menos eso se pretende.

Para finalizar, el Dr. Harimohan Choudhury en su libro Potencia Cincuenta Milesimal En Teoría Y Práctica, nos define cómo debe ser un correcto homeópata: “Claro que hay muy, pero muy pocos médicos en India y Bangladesh (también en cualquier otro país del mundo) que cumplen las instrucciones de Hahnemann y no entrevistan más de 2 ó 3 pacientes crónicos al día. En verdad estos conscientes médicos que son fieles a los principios de Similia, mantienen iluminada todavía la antorcha de la Homeopatía… Un médico no puede hacer justicia a un paciente y seleccionar la medicina apropiada si prefiere atender muchos pacientes, y se deleita viendo como lo están esperando en su consultorio o viendo multitud de pacientes en el cuarto o dirige su atención sólo a ganar dinero. Un verdadero médico Homeópata no permita más de dos o tres pacientes crónicos nuevos cada día”.

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